Los que estamos aquí y los que estamos en otras partes vivimos un desajuste, unos más otros menos, hacemos el esfuerzo por organizarnos por empezar de nuevo, por poner un poco de orden en nuestros sentimientos, relaciones, en nuestras nostalgias, pero no bien reaparece el caos y cada recaída en el caos (perdona la redundancia) es más caótica"
Benedetti.
Benedetti.
Para satisfacer nuestros deseos, momentáneamente recurrimos a todos las ligas de oportunidad que se nos presentan para llegar al objetivo, la pasión que ha sido descubierta y desatada juega con nuestra mente hasta dar con lo ya visualizado, perdemos nociones del aquí y el ahora sin importar que la felicidad encontrada en el objetivo sea solamente momentánea, luchamos, la alcanzamos, damos con el blanco, revoloteamos de alegría, nos sacudimos los restos y volvemos al inicio.
Ahora bien, llevar a cabo este proceso de buscar y encontrar es sumamente desgastante para nuestro cuerpo, pero es aún más para nuestro espíritu, el sentimiento de culpa muchas veces traiciona y ocupa más peso en la báscula que la felicidad encontrada y perdida.
La energía ocupada en la felicidad momentánea debe ser transformada y empleada en estar abiertos a la posibilidad de que la felicidad eterna nos encuentre, no considero que la felicidad momentánea sea nociva, solo traicionera y si a esto aunamos la espiritualidad quebrada de las personas, el resultado es una desorientación fatal que un momento de felicidad no puede mejorar.
Es por esto que además de vivir el hoy, debemos también de rescatar las cosas productivas del ayer y mejorar las de mañana, seguir una línea que trace cualquier forma de felicidad implementando un límite de espera, un borde que ayude a tranquilizar el caudal, respirar, tomar la paz del aire y suministrar la energía suficiente que nos permita encontrarnos, amarnos, mirarnos cruel y desnudos, sin follaje alguno que alborote y distorsione nuestra imagen.
Vale la pena esperar y ser encontrados por nosotros mismos y por los demás
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